Boyacá, Un viaje de altura hasta los 4.000 msnm

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Un viaje que sabíamos dónde comenzaba, pero no teníamos idea que caminos cogeríamos. Ángela y su hermano rodaron hasta Cerinza, Boyacá en dos días para pasar 31 de diciembre con su familia, mientras que yo debía llegar el 2 de enero, 230km en un día y desde allí comenzar nuestro viaje de una semana.

3 de enero propiamente comenzó nuestra travesía. Rodamos apenas 15km hasta Belén pues me encontraba cansado de la rodada del día anterior y allí podríamos planear un poco mejor. Teníamos básicamente tres opciones, rodar hacia Santander, bajar a los llanos por Casanare o seguir por el norte de Boyacá en cercanías a Cocuy. Escogimos esta última sin saber exactamente hasta dónde llegaríamos cada día y qué camino coger. Esto realmente fue lo mágico.

4 de enero. Orientados un poco por google maps en distancias entre pueblos y altimetría de las carreteras comenzamos esperanzados que un camino, aparentemente carreteable, nos llevara sobre las lagunas del Chicha. Después de una fuerte subida que nos llevó hasta los 3400 msnm nos dimos cuenta que el camino tocaba seguirlo a pie y así lo afrontamos, cambio de zapatos, dejar las bicis a un lado y subir caminando. Ya entrados en el páramo llegó, diría yo, el momento más increíble y mágico de todo el viaje. Un caballo en medio del camino desolado nos miraba, nos esperaba creemos, pues desde aquel momento nos acompañó, como si nos protegiera o simplemente nos guiara hasta las lagunas regalándonos instantes únicos que tal vez nadie más justo en ese lugar pudiese experimentar. Una vez bajamos de las lagunas decidimos volver a Belén pues era noche y el siguiente pueblo estaba bastante lejos.

5 de enero. De Belén arrancamos hacia Tutaza, un pueblito enclavado en la montaña después de un lindo valle que lleva a Paz de Río, con tan mala suerte que una vez que salimos del pueblo y habiendo bajado unos 4km, nos dimos cuenta que una maleta tipo canguro se nos había quedado en la tienda. Nada, de vuelta a toda velocidad para recuperarlo, pues dinero y documentos teníamos allí. Un poco cansados, atrasados y con una torrencial lluvia decidimos pasar la noche en Paz de Río, pueblo de grandes riquezas carboníferas, pero con poca infraestructura pues constantemente fallaba la electricidad.

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